Carta de una niña 15 años al Ministro de Educación

Desde Ágora Historia apostamos, como no podía ser de otra forma, por la cultura y por el aprendizaje de la misma. En muchas ocasiones nos quejamos de que una buena parte de la población nos respete ni cuida los yacimientos arqueológicos de diversas épocas de nuestra historia. Evidentemente, para que valoremos y cuidemos nuestro patrimonio histórico es necesario que entendamos algo de él, al menos unas nociones básicas. De esta forma conseguiremos que todos entiendan que no cuidar una pintura rupestre del Paleolítico, agujerar una muralla medieval, dejar que un yacimiento se deteriore… es no cuidar nuestra propia historia, la gran fuente de información que nos habla de cómo vivían nuestros antepasados.

Marta Ferdinand no escribió pidiéndonos que difundiéramos una carta que su sobrina había dirigido al Ministro de Educación. La carta no es otra cosa que un listado de inconvenientes a los que tienen que hacer frente los estudiantes en estos tiempos de recortes en Educación. Invertir en educación y en cultura, es invertir en el futuro. Reproducimos a continuación la transcripción de la carta enviada por Celia Martín Morales al Ministro de Educación, D. Íñigo Méndez de Vigo. Al leer la carta se darán cuenta de que… Sobren las palabras:

 

 

Att. Sr. Iñigo Méndez de Vigo
Ministro de Educación
C/Alcalá, 34
Madrid – 28014

Leganés, 8 de junio de 2016

Excelentísimo Sr.:

Soy Celia Martín, tengo 15 años y estudio 3º de la ESO en un instituto público de Leganés. Con esta carta no pretendo, ni mucho menos, cambiar la educación o transformar el país. Me conformo con hacerle pensar y empatizar un poco con nosotros, y “con nosotros” me refiero tanto a estudiantes como a docentes.

Sé que ser político y llevar la educación de toda una autonomía o país es complicado, pero es el trabajo que han elegido ustedes y esa no es una excusa para errar en su trabajo. Sé, también, que hay muchos factores que influyen en las condiciones de la educación de un país, comunidad o incluso municipio, pero, le pido que ahora mismo se olvide de eso y piense en usted, cosa que no le resultará muy complicada.

No puedo comparar muchas leyes de educación, pues yo he estudiado siempre con la LOE hasta este año, que hemos empezado con la LOMCE (o eso hemos intentado). Esa ley que tanto nos ha descolocado y que tantas quejas ha recibido, y no sin razón. Ninguna ley hasta ahora, había hecho un planteamiento de eliminación de la asignatura que siempre he escuchado a mi abuelo que es la que te hace pensar: Filosofía. ¿Es un modo de evitar que pensemos quizás? ¿Cómo pueden reducir las horas de Arte? ¿Dónde dejan nuestros conocimientos y sentimientos hacia la pintura, la escultura e, incluso, a grandes edificios de arquitectura? Y ya si opino sobre que quieran quitar música, mejor guardo mis pensamientos ante la idea de que quiten la asignatura que menos me gusta y peor se me da, pero que nos enseña tanto o más que las matemáticas, o ¿le parecería bien a usted hablar con una persona que no sepa de quién es el Concierto de Aranjuez o que no conozca la Novena Sinfonía que, si no me equivoco – porque sigo estudiando música – es de Beethoven.

Señor Consejero de Educación y señor Ministro de Educación, imagino que es complicado ponerse en nuestro lugar, pero intenten imaginarse qué pasaría si un día ustedes llegan a su trabajo y les dicen que les cambian todas las formas de trabajar, pero también les dicen que habrá cosas, todavía por concretar, que van a tener que hacer igual, y ni siquiera sus jefes tienen claro cuál es el trabajo que les corresponde. Entonces, ustedes intentan hacerlo lo mejor posible, y lo consiguen. Pero llega un día que les dicen, que si no aprueban un examen del trabajo que han hecho durante los cuatro años que lleva en la empresa, no sigue trabajando. Y no, no le dan otro puesto inferior ni nada. No cobra paro y no puede buscar trabajo. Sólo puede quedarse un año entero en el limbo esperando que llegue el año siguiente para repetir ese examen.

mani-profes-5-640x640x80Si aún así no puede empatizar, yo le ayudo a saber lo que se siente. Se siente frustración, desorientación, y, todavía, no he pasado esas pruebas de las que le hablo: las reválidas- Todavía obtengo de las mejores notas del curso, pero sé que llegaré y creo que si no obtengo nota excelente será porque al pensar en lo que me juego si no apruebo, en lo que me he esforzado que no servirá para nada, me pondré nerviosa y todo habrá sido en vano.

Otras cosa que me gustaría comentarle es una situación que hemos vivido este curso. A principios del mismo una de nuestras profesoras se dio de baja, avisando con bastante tiempo de antelación. Estuvimos casi un mes sin ella y sin profesor sustituto. Un poco más avanzado el curso, le hablo de marzo, una profesora se tuvo que dar de baja por una enfermedad que la impedía realizar su trabajo. Y otro mes que estuvimos sin profesor sustituto. Al principio lo entendí, pues sé que es muy complicado organizar todo este mundo de las bajas y las faltas, pero mi entendimiento acabó cuando, ahora, a final de curso, cuando ya hemos acabado el temario, cuando ya en algunas clases sólo nos dedicamos a ver vídeos o a repasar, dos profesores se han ido dos semanas. Pues, a los dos días de su marcha, ha había dos profesores sustituyéndoles, cosa que debería de ser así siempre y no solo cuando estamos en campaña electoral.

Por seguir con el tema de los docentes, me gustaría que se plantearan la ratio de alumnos por aula. Plantéese usted, intentar enseñar una materia compleja a treinta o más personas sean de la edad que sean, pues lo que está claro es que cada uno tiene una forma de ser y hay niveles diferentes de aprendizaje ya que, por fortuna, todos somos diferentes pero con los mismos derechos a una enseñanza “gratuita y de calidad”. A esto le puede añadir que, gracias a los procesos de integración, compartimos aulas con compañeros y compañeras con diversidad funcional, con lo que estamos encantados porque -aunque le parezca mentira- aprendemos mucho de ellos. Sin embargo nuestros docentes necesitan grupos más reducidos para poder enseñarnos a “todos”, seamos como seamos dentro de nuestras necesidades y posibilidades de aprendizaje.

Excelentísimo Sr. sé que las elecciones están a la vuelta de la esquina, sé que tiene que hacer campaña, pero no nos utilice como ratas de laboratorio para ello. No le digo que no mande profesores, sino todo lo contrario, que los mande siempre, a los quince días que se suponen que tendría que haber sustituto, sea la fecha que sea, sea la asignatura que sea, haya elecciones o no. A pesar de ser adolescentes y estar en una época mala de nuestra vida, con el pavo, y todo esto, somos personas, personas como usted y como el presidente del gobierno; personas que sentimos, pensamos, y a veces empatizamos. Con esto le quiero decir que para hacer campañas ya tiene la tele o la radio, que no nos intente manipular con pequeñas sutilezas que se quedan grabadas en nuestro subconsciente.

He de decirle que yo antes tenía muy claro lo que quería estudiar. Tenía claro mi futuro y ahora lo único que quiero es que el miedo que invade mi cuerpo me abandone, y pueda dejar de pensar que puedo perder todo un futuro solo por los cambios que tanto daño nos están haciendo. O pensar que a pesar de todo lo que me esfuerce, de todo lo que he pasado para llegar hasta ahí, no habrá servido para nada cuando a la hora de pagar las tasas (esas que rozan el cielo) mis padres no puedan permitírselo, porque sí, porque a pesar de ser de clase más baja que usted, nosotros también tenemos esa necesidad de comer.

Otra cosa a citar son las becas, esas que ya, cuando pasen unos años, nadie sabrá lo que significa esa palabra; esa palabra que al parecer a usted ya no le importa nada, al igual que muchas otras cosas, por supuesto. Este es un ejemplo más de que por mucho que nos esforcemos, trabajemos y estudiemos, no se nos va a ver recompensado. De hecho, me aventuro a decir que esta sociedad ya nos mira peor a los que luchamos por nuestro futuro y nos esforzamos día a adía que a esas personas que les de igual todo, que su futuro no les importa.

Espero que dejen de preocuparse tanto por cuantos meses tenemos de vacaciones y empiecen a pensar un poco más en lo que de verdad importa. No necesitamos que nos cambien las vacaciones, en vez de cada trimestre, cada dos meses, ni que nos amplíen estos meses. Necesitamos que, si implantan una ley, se pongan de acuerdo en lo que están haciendo; piensen en las consecuencias y, o la implantan, o no, pero no hagan eso de un año un poco, al siguiente otro poco. Un año las ratas de laboratorio van a ser primero, tercero y primero de bachillerato, y al siguiente los cursos pares. Porque sí, señor mío, aunque le cueste aceptarlo, algún día usted se irá de la política, se jubilará, y nosotros nos haremos mayores y permítame que le diga que de alguna parte tendrán que salir nuevos políticos. Lo siento, pero ustedes no son eternos. Si no consigue ponerse en nuestro lugar, hágalo por sí mismo, por el futuro que le espera a la política, a la medicina, a la enseñanza en este país. Que los adolescentes no somos eternos; y también seremos mayores.

Si consigo superar todos los baches que nos está poniendo por el camino y estudio bioquímica, biología molecular o neurocirugía y llego a ser “profe”, no dude que lo sabrá, pues si siguen así las cosas me verá todos los días en las primeras filas de las manifestaciones; a pesar de que por ello mi sueldo se reduzca. Pero, a diferencia de usted, yo, de mayor, quiero tener empatía.

Sé que me quedan muchas cosas en el tintero por decirle, pero ante todo lo que espero con esta carta es una reflexión por su parte sobre la educación y de todos los políticos que estén en el gobierno; sean de los partidos que sean. Y eso sí, le ruego una respuesta para que yo no pierda aún más la fe en la clase política es este país.

Gracias por su atención.

Atentamente,

Fdo.: Celia Martín Morales.