El húmero de Lezetxiki se aleja de los neandertales y se acerca a Atapuerca

Medio siglo después del hallazgo del húmero de la cueva de Lezetxiki, en Arrasate (Gipuzkoa), una datación directa realizada este año ha establecido que este hueso tiene un mínimo de 165.000 años, lo que le convierte en el resto humano más antiguo de la Península tras los encontrados en Atapuerca.

Esta prueba, realizada en Australia, ha confirmado los cálculos del sacerdote y antropólogo Jose Miguel Barandiaran, descubridor de la cueva, que situó la pieza en el periodo premusteriense, anterior a los neandertales, ya que fue encontrada en el estrato más profundo de Lezetxiki, en un nivel inferior al de un cráneo de oso previo al de las cavernas, que desapareció en Europa hace 120.000 años.

El siguiente paso será la puesta en marcha de un proyecto de secuenciación de su genoma, pues se ha comprobado que, aunque degradado, conserva ADN original sin contaminar, lo que permitirá comprobar a qué especie perteneció ese resto y si, como se sospecha, es de una mujer.

Los resultados del examen los han dado a conocer hoy la catedrática de Antropología de la UPV-EHU, Concepción de la Rúa, y el paleoantropólogo Jesús Altuna, discípulo de Barandiaran, en una rueda de prensa en San Sebastián en la que también ha participado el viceconsejero de Cultura, Joxean Muñoz.

En Australia se ha llevado a cabo también un análisis morfométrico, que ha constatado la “gran afinidad” con los fósiles humanos del Pleistoceno Medio como los de la Sima de los Huesos de Atapuerca, poblaciones anteriores a los neandertales.

“Si confirmamos con el ADN esta afinidad morfológica, sería muy interesante clarificar todo el debate sobre las poblaciones del Pleistoceno, que son mucho más complejas de lo que se pensaba. Y parece que no todos fueron antecesores de los neandertales”, ha destacado de la Rúa.

Excavación en la cueva de Lezetxiki
Excavación en la cueva de Lezetxiki

Barandiaran dejó escrito en su diario que el hueso fue hallado el 20 de agosto de 1964 por sus compañeros -Altuna entre ellos- mientras él se ausentaba para bautizar a una niña en la capital guipuzcoana.

En 1969, se intentó su datación con una pequeña muestra mediante series de uranio en Londres y no se logró. Ni se planteó una prueba tan fiable como la del carbono 14 porque sólo se utiliza para restos orgánicos de menos de 45.000-49.000 años.

A diferencia de Atapuerca, donde se efectúan dataciones indirectas gracias, entre otra cosas, a la gran cantidad de restos de fauna encontrados, para el húmero de Lezetxiki era necesaria la intervención directa sobre el hueso.

“Era arriesgado y la única posibilidad”, ha asegurado De la Rúa, quien ha explicado que, para hacer “un daño mínimo” al hueso, se cortó una lámina transversal de 0,7 milímetros y se envió, desde el centro Goaz de San Sebastián donde se conserva, adscrito al Gobierno Vasco, a la Universidad Nacional de Australia, en Canberra.

Allí, Rainer Grün, autoridad internacional en Geocronología, tomó de esa sección varias medidas mediante láser de ablación para analizar el proceso de absorción y difusión del uranio tras el enterramiento, lo que ha permitido fijar que esta pieza tiene un mínimo de 165.000 años, con una margen de error de 9.000 años arriba o abajo.

La catedrática de la UPV-EHU ha precisado que Grün no ha dado oficialmente un “techo superior”, aunque los modelos indican que podrían tener una antigüedad incluso de 250.000 años.

“Esperamos que esta datación directa resuelva y clarifique el debate y la controversia generada desde el primer momento en que se halló el húmero, que ahora se aleja de la especie neandertal y el periodo Musterience por antigüedad y morfología”, ha recalcado.

El estudio científico sobre este húmero está ahora en manos de los investigadores que realizan las revisiones previas a su publicación en una revista especializada de prestigio.

Fuente: ABC.es – EFE