El primer humano conocido de suelo europeo sería tataranieto de un neandertal

Uno de los primeros humanos conocidos de Europa tenía un cercano ancestro neandertal, quizá incluso haya sido un tatarabuelo.
El descubrimiento, anunciado durante la reunión de Biología de Genomas, realizada en Cold Spring Harbor, Nueva York, cuestiona la idea de que los humanos y los neandertales solo se cruzaron en Oriente Medio, hace más de 50.000 años.

Qiaomei Fu, investigadora de genomas paleolíticos por la Escuela de Medicina de Harvard, en Boston, contó durante la reunión cómo ella y sus colegas habían secuenciado ADN de una quijada de 40.000 años que representa uno de los primeros restos de humanos modernos en Europa. Estiman que entre 5 y 11 por ciento del genoma óseo es neandertal, incluyendo grandes segmentos de varios cromosomas (el análisis genético también muestra que el individuo era hombre). Al analizar cómo se achica con cada generación el largo del ADN heredado de cualquier ancestro, el equipo estimó que el hombre en cuestión tuvo un ancestro neandertal entre 4 y 6 generaciones previas (los investigadores se negaron a comentar sobre su trabajo porque aún no ha sido publicado en una revista).

La evidencia de ADN confirma argumentos previos en el sentido de que la quijada y los dientes adjuntos representaban una mezcla de rasgos neandertales y humanos. Las muelas del juicio, por ejemplo, son mucho más grandes que las del Homo sapiens. “Supongo que en cierto nivel es tranquilizante que exista correspondencia entre lo que nos dicen la anatomía y los genes”, dice Erik Trinkaus, un paleoantropólogo de la Universidad de Washington, en St. Louis, Missouri, quien ha analizado la mandíbula y los dientes adjuntos y ha leído el trabajo de Fu y su equipo.

La quijada fue encontrada entre restos de osos en una cueva rumana llamada “Pestera cu Oase” (que significa “cueva con huesos”), descubierta por un grupo de espeleólogos en 2002. “El único acceso a la cueva es con equipo de buceo, a través de un río subterráneo”, indica Trinkaus, quien ha sostenido desde hace tiempo que la quijada y el cráneo de otro individuo encontrado en la misma cueva apuntan a una cruza reciente entre humanos y neandertales. Dice que es tranquilizante que los datos de Fu respalden sus conclusiones previas. “Puedo decir ‘se los dije’, pero no lo voy a hacer”, subraya.

Recreación de grupo de Neandertales en la península Ibérica
Recreación de grupo de Neandertales en la península Ibérica

Cuando los humanos se toparon con los neandertales

Todos los humanos que rastrean sus ancestros más allá del África subsahariana portan fragmentos de ADN neandertal. Los investigadores han pensado desde hace tiempo que lo más probable es que los primeros humanos que existieron en África se cruzaron con neandertales residentes en algún lugar de Oriente Medio hace aproximadamente entre 50.000 y 60.000 años, antes de viajar a Asia, Europa y el resto del mundo.

Esa posibilidad ha ganado apoyo durante el último año. El año pasado, un equipo que incluyó a Fu utilizó el genoma de un humano de Siberia de 45.000 años para datar a sus ancestros neandertales entre 50.000 y 60.000 años atrás (cuando los humanos modernos probablemente estaban empezando a salir de África).

Otro equipo informó haber encontrado el cráneo parcial de un humano de 55.000 años en una cueva israelí, no muy lejos de sitios donde los neandertales vivieron aproximadamente en ese entonces. Pero dataciones con radiocarbono de restos de sitios de todo el continente sugieren que los humanos y los neandertales vivieron juntos en Europa durante aproximadamente 5.000 años en algunas áreas, abundante tiempo para que también se encontraran y cruzaran.

Frecuencia de fraternización

Los datos de la quijada implican que la cruza efectivamente sucedió en Europa, no solo en Oriente Medio, dice María Ávila, una investigadora de genomas antiguos de la Universidad de Stanford, en California, quien asistió a la charla de Fu. “También tiene sentido; ¿por qué habría de estar limitado a una región específica?”, cuestiona.

Ávila espera que los investigadores puedan determinar cómo se comparan las partes neandertales del genoma del hombre de Oase con el genoma de los neandertales y con las secuencias neandertales que actualmente se encuentran en los humanos. Pero el ADN extraído estaba altamente degradado, lo que podría obstaculizar dichos esfuerzos. “Simplemente desconozco cuántos datos tienen para hacer todos estos análisis buenísimos. Espero que tengan muchos”, agrega Ávila.

Trinkaus señala que la mandíbula representa la ascendencia de un hombre, no de toda la población. No está claro con qué frecuencia se cruzaban los primeros humanos con los neandertales en Europa. El ADN de otros fósiles humanos anteriores a la extinción de los neandertales, hace aproximadamente 35.000 años, podría armar un panorama más completo de la historia del continente.
“Inicié mi carrera intentando descifrar por qué los humanos modernos fueron más exitosos que los neandertales. Eso fue hace 40 años”, dice Trinkaus. “Creo que aún no lo sabemos realmente”.

Fuente: Los Andes – Ewen Callaway