“Fueron mujeres, nazis y asesinas, la peor maquinaria bélica que utilizó Adolf Hitler”

Mónica G. Álvarez, periodista y escritora, sacó a luz algo sobre lo que nunca, o casi nunca, se había hablado. Mucho se ha escrito sobre los criminales vinculados al partido nazi pero, las mujeres, ¿se dedicaron únicamente a parir y criar rubios que “mejorarían” la raza aria? Lo cierto es que hubo algunas féminas que superaron con creces los más perversos actos que nos podamos llegar a imaginar. Esta vallisoletana con sangre periodística corriendo por sus venas nos da más detalles sobre su trabajo Guardianas Nazis: el lado femenino del mal, Edaf.

Por David Benito
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Pregunta.- Mónica, tradicionalmente hemos vinculado al terror nazi con hombres. La historia ha sido machista resaltando principalmente a hombres, para lo bueno y para lo malo. Vemos que también hubo mujeres. ¿Jugaron éstas un papel importante en el holocausto?

Respuesta.- Así es. Fueron mujeres, nazis y asesinas. Yo las denomino la peor maquinaria bélica que utilizó Adolf Hitler para mantenerse en el poder. Sin ellas el Nazismo jamás hubiese prosperado ni pasado a la historia como la lacra más miserable que azotó a la humanidad.

Son muchos lo que creen que interesarse por estos es ser masoquista. ¿No crees que este es el tipo de historia es la que hay que enseñar en los colegios para que no vuelva a repetirse?

La historia para que no vuelva a suceder debe ser investigada y estudiada a fondo, y aún así, desgraciadamente, se repetirá. El ser humano no cae en la misma piedra una sola vez, ni dos ni tres, sino multitud de ellas. Pero es bien cierto, que catástrofes humanas como el Holocausto debería ser asignatura obligada en los colegios y no tratarla de manera superficial sino profundizando en los porqués de aquella terrible época. Las futuras generaciones deben conocer la VERDAD y no ocultarla jamás.

Guardianas nazis, ¿cuál era el cometido de estas mujeres? ¿Nacieron así de canallas o las hicieron?

Podemos describir a estas mujeres como analfabetas, incultas y con una imperante necesidad de ayudar a su régimen y a su dios terrenal, el Führer. Algunas de ellas tomaron contacto con el Reich a través dela Liga de Muchachas Alemana, una especie de asociación femenina que inculcaba los preceptos del nazismo; otras ingresaron en el Partido Nazi donde conocieron a líderes importantes de las SS; y el resto ingresó directamente en el campo de concentración de Ravensbrück, lugar de instrucción para convertirse en guardianas de estos campamentos. Inicialmente, su cometido era ayudar al buen funcionamiento del recinto, controlar a los presos, velar por la seguridad de los mismos, etc.

Pero la realidad fue otra muy distinta. En verdad, las guardianas fueron adoctrinadas para vejar, maltratar, fustigar, seleccionar y matar a los prisioneros, sin distinción de sexo. Lo mismo asesinaban a un niño que a una mujer o a un hombre. Sus superiores sabían muy bien de las malas prácticas de sus camaradas, Hitler por supuesto conocía esas “funciones”, pero ninguno puso remedio alguno para pararlas. El canciller alemán ya lo afirmó en alguna ocasión: “las grandes masas sucumbirán más fácilmente a una gran mentira que a una pequeña”, y las guardianas se convirtieron en unas expertas.

Aldolf Hitler saluda a la Liga de las Muchachas Alemanas.
Aldolf Hitler saluda a la Liga de las Muchachas Alemanas.

¿Estaban enfermas o simplemente cumplían órdenes gustosamente? 

No eran personas desequilibradas ni con ningún desorden mental como se ha llegado a decir. Eran mujeres normales con una vida sencilla pero con una especial fascinación por impartir sufrimiento al prójimo. Les encantaba machacar psicológica y físicamente a los prisioneros con el único fin de sentirse superiores. Cualquier pretexto era bueno para maltratar a alguien: fumar un cigarrillo, comer un mendrugo de pan duro que había caído de la cesta, llevar un jersey debajo del pijama de rayas… La violencia y el sexo extremo siempre fue una práctica muy común entre los nazis, a pesar de que siempre intentaron ocultarlo. Las orgías estaban a la orden del día.

Ilse Koch, según cuentas, extirpaba piel tatuada para fabricar lámparas para su casa. ¿De verdad esa mujer era humana?

Si por humanidad entendemos una persona que siente compasión por el sufrimiento humano, la respuesta sería NO. Ilse Koch fue una mujer despiadada que disfrutaba in extremis impartiendo castigos corporales a sus prisioneros. En otras palabras, era una sádica hambrienta de sangre y sexo. Sus prácticas se extendieron hasta tal punto que su marido mandó construir un edificio al lado de su casa, “Villa Koch”, donde dar rienda suelta a su depravación.

No solo los prisioneros las temían ¿no? 

Así es. Sus camaradas masculinos también, quienes, por cierto, preferían dar un rodeo al campamento que encontrárselas de frente. A mí tampoco me hubiera gustado toparme con ellas, la verdad. A pesar de que las guardianas no pertenecían oficialmente a las SS (las mujeres tenían prohibida su pertenencia) éstas fueron las que en realidad dieron órdenes a sus compañeros para que matasen a los confinados. Porque no es asesino solo el que mata sino aquel que dictamina que se haga.

Resulta complicado adentrarse en historias de este tipo y no terminar muy afectado, ¿cómo lo vivió?

Fue una experiencia muy complicada para mí. Por un lado, quería dar a conocer una historia oculta durante muchos años por el imperante machismo del nazismo y que era necesario sacar a la luz; pero por otro, en muchos momentos fue agónico porque me afectó psicológicamente. La documentación me dejó exhausta hasta el punto de querer tirar la toalla y dejar de escribir en pleno proceso de elaboración. Ver tantas fotografías y documentales con situaciones terribles, leer tantos testimonios desoladores, me hizo mella porque todos, al fin y al cabo, queremos a alguien y no podía entender cómo es posible que un ser humano había llevado a una nación hasta ese punto de crueldad y sadismo. Gracias a mi familia y amigos saqué fuerzas de flaqueza y seguí adelante.

Guardianas nazis arrestadas tras la entrada de los Aliados en un campo de concentración.
Guardianas nazis arrestadas tras la entrada de los Aliados en un campo de concentración.

Herta Bothe, es la que aparece en la portada de tu libro. ¿Fue ella la más cruel?

Fue una de las más crueles. Ya su apodo, “la sádica de Stutthof”, nos da a entender la magnitud de sus perversiones siempre con un látigo en la mano y fustigando a todo aquel que se le ponía delante, principalmente mujeres.

¿Qué historias le marcaron más?

Si hablamos de las propias Guardianas, me impactó la trayectoria criminal de María Mandel “la Bestia de Auschwitz” y por supuesto de Juana Bormann “la Mujer de los Perros”. Las dos fueron supervisoras de varios campos de concentración y las verdaderas “maestras” de toda esa barbarie. En cuanto a los supervivientes, me impactó la vida de la española Neús Catalá, que a pesar de haber estado confinada durante varios años y de haber sufrido terribles vejaciones, afirmó en una ocasión que ante todo se había sentido “libre”. Libre… Aún se me pone la carne de gallina al recordar esa frase. ¿Cómo es posible, verdad?

¿Qué fue de estas asesinas tras la caída del régimen nazi? 

La mayoría fueron llevadas a juicio y condenadas a morir en la horca. Sin embargo, dos de ellas fueron puestas en libertad y nada se supo. He buscado a estas criminales e incluso a sus familiares. No hay rastro alguno, es como si se las hubiese tragado la tierra. Pero lo más tremendo de estas historias es que cuando llegaron a los juicios pertinentes ninguna mostró signos de arrepentimiento. Ninguna pidió perdón sino todo lo contrario, se sintieron orgullosas de su “trabajo”. Hay que recordar que los nazis creían que hacían lo correcto, que estaban haciendo un bien a la humanidad, de ahí la falta de arrepentimiento en sus testimonios. Si alguien no cree que haya hecho algo mal, ¿cómo le vas a decir que se retracte y pida perdón? Es imposible.

El rostro de estas mujeres desprende algo completamente diferente antes del holocausto y después. ¿Es el mejor reflejo de su transformación?

Absolutamente. Dicen que la cara es el espejo del alma y está claro que su interior estaba lleno de odio, rencor, rabia, sadismo y perversión. Por tanto, su rostro no podía reflejar otra cosa. La transformación de algunas de ellas como Irma Grese “el Ángel de Auschwitz” es impactante.

En Alemania esta prohibido -con pena económicas incluso de cárcel- vender y llevar simbología nazi. ¿Qué le parece que en España haya tiendas y puestos que vendan souvenirs de esta ideología y que la gente pueda utilizarlo con total libertad?

Que debería estar igualmente prohibido en nuestro país. Parece mentira que la gente no tome conciencia de esto. Seguramente sea porque vemos la Segunda Guerra Mundial y el Nazismo como algo que se vivió de lejos cuando no es cierto. Que actualmente existan lugares donde se pueda comprar este tipo de símbolos es un insulto a la libertad y a los que murieron luchando por ella.

Para terminar, ¿qué se le pasa por la cabeza, después de haber escrito este libro, cuando ve por la calle o por televisión a jóvenes con esvásticas que hacen alusión al movimiento nazi?

Se me revuelven las entrañas. Sigo sin entender cómo hay personas que aplauden una doctrina que va en contra de los derechos fundamentales. Desgraciadamente aún hay mucha gente que niega el Holocausto. A mí me han llegado a amenazar y a decir que había hecho un libro repleto de mentiras. Menos mal que cuando las tropas aliadas llegaron a los campos nazis para liberarlos Eisenhower dijo algo que pasará a la historia: “que se tenga el máximo de documentación -hagan filmes, graben testimonios- porque ha de llegar un día en que algún idiota se va a plantar y decir que esto nunca sucedió”. Gracias a él el mundo entero se enteró de la barbarie que había perpetrado Hitler y su Tercer Reich.

Por David Benito
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