Historia de las ideas contada por un mar

Un viaje en el tiempo para comprender la evolución del pensamiento entre los siglos VI a. C. y IV d. C. ya es posible con la exposición ‘Mediterráneo. Del mito a la razón‘, organizada por Obra Social La Caixa. Desde el Próximo Oriente hasta Egipto, de allí a Grecia y, más tarde a Roma, el Mediterráneo se convirtió en una vía de comunicación de creencias, ideas, conocimientos y formas culturales que han tenido su repercusión en nuestros días. Una historia explicada a través de las aventuras míticas de Ulises, Jasón y Heracles.

La muestra, de carácter arqueológico, es fruto de la colaboración de más de 30 museos europeos que reúne obras de la Antigüedad grecolatina. Un total de 165 piezas griegas y latinas se dividen en tres apartados que explican la creación del espíritu europeo y cómo, en una época globalizada en la que la economía y los centros de decisión se han desplazado a nuevas áreas geográficas, el paisaje y la cultura del Mediterráneo siguen siendo patrimonio universal.

En la primera parte de la exposición, los visitantes pueden apreciar una concepción del mundo que prescinde de explicaciones mitológicas. El universo ya no se entiende como una creación divina, su existencia se relaciona con la acción del agua, la tierra, el aire y el fuego. La condición humana o la organización del cosmos son las cuestiones que se plantean en los primeros capítulos de la muestra. Tales de Mileto consideraba que la razón humana debía buscar explicaciones sensatas sin recurrir a los dioses. Los acontecimientos celestes singulares (meteoritos o cometas) se empezaron a percibir como fenómenos naturales propios de la mecánica del cosmos. «El pensamiento racional no sustituye a la mitología, sino que complementa y refuerza al pensamiento mítico», explica Pedro Azara, comisario de la muestra. Un mundo grecolatino aparece ante nuestros ojos con una nueva complejidad, que lo convierte en un reflejo de los anhelos y contradicciones del hombre de hoy.

A medida que se avanza en la sala, y en el tiempo, aparece un nuevo concepto del espacio público que es el ágora -propio de las ciudades coloniales griegas- con una reconstrucción virtual del mismo. «Se trata de un espacio comunitario que no pertenece a nadie en concreto, ni siquiera a los dioses. Además, es el lugar donde la ciudad exhibe sus virtudes, personificadas en estatuas o alegorías a las que se rinde culto», comenta Azara. El ágora es resultado del nuevo sistema político que surge en Atenas. Después de varios siglos de monarquía y gobiernos oligárquicos, a partir de finales del siglo VII a. C. se implanta la democracia, que se sustenta en la igualdad ante la ley, la equidad y la libertad de expresión. Sin embargo, tiene límites, ya que los extranjeros residentes, los esclavos y las mujeres no eran considerados ciudadanos.

El recorrido finaliza con una alusión al alma, en detrimento del cuerpo. La preocupación por la vida interior llevó a muchos filósofos a reflexionar sobre la entidad del hombre. Sócrates hablaba del alma como un ente inmortal más cercano al mundo de las ideas, y Platónconsideraba que era lo único que tenía consistencia real y que perduraba después de la muerte. Los pitagóricos sostenían que el cuerpo era una cárcel en la que yacía el alma; «las estatuas son el soporte para que el alma vuelva a la tierra después de la muerte», aclara el comisario. Esta esencia de la persona dio lugar a la aparición de los dioses tardíos que tienen como función «asegurar la inmortalidad del alma«. De esta forma, surge el retrato individualizado como género artístico, que se recoge en los últimos pasillos de la exposición. Los rostros son el reflejo de los difuntos que han alcanzado la eternidad, en los que brilla su mirada «porque es la ventana por la que asoma el alma».

Las innovaciones se presentan a través de cerámicas, estatuas, relieves, terracotas, frescos y mosaicos, «elegidos por su belleza, significado y adecuación al guión de la exposición». ‘Mediterráneo. Del mito a la razón’ se podrá visitar en CaixaForum Madrid hasta el 5 de enero de 2015.

Fuente: El Mundo

ANDREA GONZÁLEZ TEJERO