La Guerra de Recuperación de Cataluña, 1640-1652: un conflicto crucial para la España de Felipe IV

Por Raquel Camarero Pascual, licenciada y doctora en Historia por la Universidad de Valladolid, autora del libro La Guerra De Recuperación De Cataluña. 1640-1652

En el año 1640, las élites políticas de Cataluña iniciaron un proceso de secesión que culminó con la segregación del Principado de Cataluña a principios de 1641 y su incorporación a la Monarquía francesa. Comenzó entonces una guerra de más de una década para lograr su retorno a la obediencia de Felipe IV.11219665_948712071852701_3473746534664468972_n

Esta guerra se produce en el contexto de la guerra franco-española de 1635-1659, en la que Cataluña es un frente más por su condición fronteriza. Pero para España esta guerra tuvo una dimensión interna capital; no fue sólo una guerra con Francia en Cataluña, sino que supuso una guerra de recuperación de un territorio propio que:

  • era una parte esencial de la Corona de Aragón, que junto con la Corona de Castilla eran los dos pilares sobre los que se fundamentaba la Monarquía Española. Constituyen su núcleo, su corazón.
  • no había sido conquistado por las armas, sino que unas personas concretas ejecutaron un proceso y acciones que suponían un delito de traición.
  • era un territorio fronterizo con Francia y, por tanto, importantísimo estratégicamente. Esta fue una de las razones de mayor peso a la hora de dar la prioridad a este conflicto por delante del de Portugal. El reino luso pertenecía entonces a la Monarquía Hispánica y en el mismo año de 1640 inició también un proceso de separación de ésta, que culminó con su separación tras otra guerra paralela a la de Cataluña, desarrollada entre los años 1641y 1668.
Raquel Camarero Pascual
Raquel Camarero Pascual

Como vemos, a mediados del siglo XVII la monarquía de Felipe IV se encontró con dos guerras en su núcleo central, situadas en ambos extremos de la Península Ibérica. La guerra fue el elemento principal en torno al cual giró toda la política exterior e interior de la Monarquía Hispánica. De hecho, durante todo el reinado de Felipe IV no hubo ni un solo año de paz.

Por tanto, la guerra era una realidad omnipresente en la vida de los españoles. Pero siempre eran guerras situadas fuera de España: en los territorios italianos y alemanes, en Flandes. Esta realidad comenzó a cambiar de forma radical con el inicio de la guerra con Francia, y mucho más a partir de los movimientos secesionistas de Cataluña y Portugal, que dieron lugar a dos guerras que ya no estaban a miles de kilómetros por mar y tierra de la Corte española. Esto necesariamente trajo una serie de consecuencias.

En primer lugar, estos conflictos obligaron a un replanteamiento total de la política general de la Monarquía Española consistente en:

  • asumir de una vez por todas que no había recursos materiales ni humanos suficientes para abarcar todos los compromisos en que se hallaba inmersa la Monarquía. Es decir, para sobrevivir había que ceder y priorizar.
  • se impuso el criterio de la prioridad de la seguridad y defensa interior de España por delante de todo. La consecuencia inmediata fue una reducción importante del presupuesto destinado a los frentes exteriores, algo que precisamente era uno de los objetivos de Francia en Cataluña.
  • dentro de ese criterio de seguridad interior se dio prioridad al conflicto en Cataluña, algo que a la larga llevaría a la pérdida de Portugal, un reino, que además era tres veces mayor en población y en extensión territorial que Cataluña, compartía con la Corona de Castilla prácticamente toda la frontera occidental de ésta, y, lo que es más importante, poseía un imperio colonial que, a pesar de lo costoso de su mantenimiento y defensa, era considerablemente extenso y rico.

En segundo lugar, estas guerras peninsulares de mediados del siglo XVII pusieron a prueba todos los mecanismos y elementos del sistema defensivo peninsular. Obligaron a poner en marcha y sacar el máximo rendimiento de todos los componentes de este sistema, algunos de los cuales empezaron a funcionar casi por primera vez y otros fueron forzados a actuar de forma diferente. Así, se comprobaron las carencias, deficiencias y problemas, la falta de adecuación a los tiempos. Para todo esto se trató de buscar soluciones, pero las circunstancias de inestabilidad política, económica y social no eran las más adecuadas.

Por último, otra consecuencia importantísima de las guerras en Cataluña y Portugal es que conllevaron la movilización general de la población peninsular, y especialmente la castellana, que fue la base fundamental de la recluta del ejército que luchó en Cataluña. Y además esto ocurrió en una época caracterizada por la disminución de la voluntariedad, el rechazo cada vez mayor hacia el servicio militar (incluso por parte de la nobleza), el incremento preocupante de las fugas y el agotamiento de la capacidad humana de los diferentes territorios de la Corona Española.