La historia del siglo XIV tras la cocina del bar Soria

Las redes sociales bullían con el descubrimiento: la demolición del mítico Bar Soria, en el centro de la capital alcarreña, había descubierto parte de lo que parecía ser el muro de la iglesia mudéjar de San Andrés, que se creía desaparecida desde el siglo XIX. Y además el hallazgo ocurría justo el día en el que el santoral rinde homenaje al santo que le daba nombre, el 30 de noviembre. «¡El milagro de San Andrés!», decían algunos comentarios al hacer pública la noticia el estudio al que pertenece el director del control arqueológico de la obra, Ildefonso Ramírez, quien inmediatamente avisó a la Consejería de Cultura para dar cuenta del descubrimiento fortuito pero no tan inesperado. Porque Guadalajara esconde aún bajo sus plazas y entre sus edificios restos de su esplendor medieval, destruido casi en su totalidaden los años de bonanza y reforma del siglo XIX, en los años dorados de la Hispano Suiza.

Restos del muro de la Iglesia de San Andres (Guadalajara)
Restos del muro de la Iglesia de San Andres (Guadalajara)

El hallazgo ocurría sobre las cinco de la tarde. «Desde el tejado ya se observaba que el muro era más ancho de lo normal para la época, el racionalismo de los años 30», apunta Ramírez, que explica que su trabajo consistía en revisar que si aparecían (como finalmente ha pasado) restos arqueológicos de valor. A a pesar de que a priori, el bar Soria no tenía catalogación especial, la zona, el centro neurálgico del medievo alcarreño, podía hacer pensar que se encontrarían restos de siglos pasados como había ocurrido en anteriores ocasiones, y por ello la Junta decretó que un arqueólogo examinase las obras. A esa hora, los operarios se afanaban por desmantelar la campana extractora que tantos humos vio pasar en el bar, y, al caer, deja al descubierto uno de los arcos. «En ese momento se comunica a la Junta y ésta toma la decisión de que los únicos trabajos que se pueden llevar a cabo es el picado de la fachada para poder hacer la lectura de paramentos».

Es decir, paralizar la demolición y dejar al descubierto con mucho mimo el verdadero potencial de ese muro que estaba integrado dentro de una planta de tres naves y construido sobre 1338, tal y como apuntaba el historiador José Luis García de Paz en su libro «Patrimonio desaparecido de Guadalajara». Una de las iglesias más antiguas de la ciudad y centro neurálgico (al igual que su edificio posterior, el bar Soria) medieval en una zona en la que se concentran un gran número de iglesias y el mayor patrimonio histórico de la ciudad.

Fuente: ABC.es