Los neandertales de El Sidrón tenían poca variabilidad genética

Eran sólo 13 y vivían en grupo aislados. De ellos se sabe que eran diestros, que no conocían el arte rupestre, que practicaban el canibalismo y que algunos eran pelirrojos. Los hombres compartían el mismo ADN mitocondrial, el que pasa de madres a hijos, pero no las mujeres. Ahora, un nuevo estudio liderado por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y publicado en la revista PLOS ONE, arroja algo más de luz sobre esta comunidad neandertal que habitó hace 49.000 años la cueva de El Sidrón, en Asturias.

Tras analizar los restos óseos de estos individuos, los paleontólogos se percataron de que la variabilidad genética era muy baja. Los investigadores se centraron en estudiar el atlas, la primera vértebra de la columna vertebral sobre la que reposa el cráneo, y vieron que dos de las tres piezas óseas que habían recuperado presentaban dos anomalías congénitas: las vértebras no estaban cerradas, bien por la parte anterior superior o la posterior inferior, como si fuera anillos que hubiesen quedado abiertos.

“Por comparación con poblaciones humanas actuales, que también presentan esasos alteraciones defectos, vimos que la frecuencia de aparición era muy baja: menos del 4% de las personas los tienen. Y el hecho de que en un grupo pequeño como el de El Sidrón hubiera dos individuos con él es una señal, un indicador de baja variabilidad genética dentro del grupo”, explica a Big Vang el profesor de investigación del CSIC Antonio Rosas, director de paleoantropología del Museo Nacional de Ciencias Naturales y coautor del estudio.

Además, no es la única anomalía poco frecuente que han encontrado en estos neandertales. “Hace dos años descubrimos también que a varios individuos no se les había caído el canino de leche y lo mantenían en la mandíbula”, añade Rosas.

La variabilidad genética es la base de la evolución y es clave para que las especies puedan adaptarse al entorno. ¿Por qué entonces estos neandertales tenían una diversidad baja? Los investigadores del CSIC barajan tres hipótesis: que este defecto en el atlas tenga una base genética, de manera que el hecho de que varios individuos lo presenten indica que eran familiares. De hecho, esta idea es coherente con estudios genéticos previos en los que se estableció relaciones de parentesco entre los individuos del grupo.

La segunda de las hipótesis apunta a la endogamia como responsable. Los humanos que habitaban en el Pleistoceno lo hacían en pequeños grupos, a menudo vivían en zonas aisladas y eso favorecía que se emparejaran con miembros de la misma comunidad e incluso a largo plazo dentro de la misma familia.

“A lo largo del tiempo, la endogamia puede generar un aumento en la frecuencia de pequeñas variantes y anomalías congénitas del esqueleto y una mayor frecuencia de estas anomalías se ha observado por ejemplo en poblaciones humanas isleñas o localizadas en zonas aisladas”, explica Luis Ríos, coautor del estudio, en un comunicado de prensa.

Por último, tal vez esos defectos se debieran a carencias nutricionales durante el embarazo, como ocurre en los bebés que nacen con espina bífida debido a la falta de ácido fólico.

Para Rosas, que da más peso a las primeras dos hipótesis, “las conclusiones de nuestro estudio nos permiten arrojar luz sobre uno de los fenómenos que más preguntas aún suscita: por qué se extinguieron los neandertales. La baja variabilidad genética de los grupos debida a la endogamia pudo ser uno de los factores que contribuyeron a la extinción de esta especie hace algo menos de 40.000 años”.

Trabajos en la cueva de El Sidrón - Foto Mel Acebal - El Comercio
Trabajos en la cueva de El Sidrón – Foto Mel Acebal – El Comercio

El yacimiento de El Sidrón

Fue descubierto de forma fortuita por espeleólogos en 1994 y en el año 2000 comenzó un proyecto científico para estudiarlo. Desde entonces, se han encontrado más de 2500 restos neandertales y constituye la colección más numerosa y mejor preservada de este Homo neanderthalensis de la Península. Esos restos pertenecen a 13 individuos: siete adultos, tres adolescentes, dos juveniles y un niño.

En estudios previos, analizaron el ADN de los restos y vieron que los hombres compartían ADN mitocondrial, el que pasa la madre a los hijos, mientras que el de las mujeres era distinto. “Los individuos masculinos seguramente permanecían en el territorio en que estaban sus padres, mientras que las féminas en edad adolescente se intercambiaban con otros grupos. Era una estrategia social y reproductiva frecuente en grupos humanos”, explica Rosas

En 2006 se descubrió que los neandertales asturianos se comían a sus congéneres. Y se han hallado marcas de corte en distintos hueso realizadas con herramientas de piedra fabricadas para procesar la carne. De ahí que la cueva asturiana se considere un referente mundial para estudiar el canibalismo entre neandertales.

Fuente: La Vanguardia – Cuerpo humano