Lugares con historia-Cámara sepulcral de La Toya (Jaén)

A los pies de la bella sierra de Cazorla, en plena campiña olivarera, en el término municipal de Peal de Becerro se halla la cámara funeraria de La Toya, al otro lado de la fértil vega del río Toya, frente al oppidum y sobre el llamado cerro de la Horca. La necrópolis es una de las construcciones más singulares de la cultura ibera en la Península Ibérica. Para algunos historiadores se trata de la construcción ibérica más importante de las descubiertas hasta la fecha. No solo por su perfecto estado de conservación, también por el monumento en sí. Es, quizás, la primera gran obra arquitectónica de la Península Ibérica.

Se trata de una cámara sepulcral subterránea construida con grandes piedras labradas in situ. Su descubrimiento data de comienzos del siglo XX. La Toya se construyó en la cima de un cerro, a unos pocos kilómetros del pueblo. El interior impresiona, pues se trata de un recinto de tres naves, las laterales a su vez divididas en dos, hecho de sillares labrados para que encajaran perfectamente unos sobre otros. El techo se cerró también con losas de piedra.

Bancos corridos en los muros, hornacinas y una mesa, también corrida, dejan ver que la cámara fue levantada para guardar las cenizas de un personaje importante y de personas relacionadas con él, posiblemente un príncipe ibero, dado el costoso y alto nivel de ejecución. Las urnas y las ofrendas eran depositadas en los nichos y en las repisas de las diversas estancias, las laterales accesibles desde la central mediante un arco hecho con dos sillares superiores trabajados e curva.

La planta de la edificación, que mide 4,5 por 4,60 metros, se fecha en el siglo IV a.C. Impone el elevado nivel de construcción, así como la soledad del lugar, acentuada por la propia edificación y el fin para el que fue realizada. No es difícil creer que el personaje que encargó su ejecución eligió el lugar apropiado para descansar en paz eternamente.

Los trabajos de construcción de la cámara son muy interesantes, como el ajuste de sillares para acompasar las hiladas de distintos muros, el rebaje de las jambas y dinteles en los vanos para hacer encajar las puertas, así como los los magníficos sillares del dintel y del zócalo, que no traban con los muros laterales.

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Interior de la cámara sepulcral./rutadelosiberos.es

El ajuar de La Toya estaba compuesto por una escultura de piedra caliza de un herbívoro echado, al que le falta la cabeza; una cráter de campana de figuras rojas con una escena pintada; las asas de un Kylix (copa grande); más de una docena de urnas; diversos vasos; platos, cuencos; varias cajas de piedra; restos de una sítula (especie de cubo) de bronce; un disco de bronce con cabeza de felino; restos de vasos de bronce; restos de la empuñadura y de la hoja de una falcata; restos de una espada y vainas de espada; un casco de hierro; parte de dos ruedas de carro y varias cuentas de collar de plata y vidrio de colores azul oscuro y amarillo.

La cámara sepulcral ha sido restaurada y en ella se han instalado diversos paneles interpretativos que ayudan a entender mejor el pasado de esta joya ibera de piedra. En el casco urbano de Peal de Becerro existe un centro de interpretación con el que se realiza un acercamiento al más allá tal y como lo entendían los iberos: los rituales, el ajuar con el que preparaban el paso al otro mundo o los diferentes estamentos sociales que se dejan ver en función del tipo de enterramiento.

Junto al curso del río Toya, a pocos kilómetros de Peal, hay una aldea que comparte nombre con el río y que hoy es pequeña, pero en otros tiempos no lo fue y que esconde un gran pasado. Fue la ciudad ibera de Tugia, importante lugar de paso para el comercio entre Levante y la Alta Andalucía entre los siglos V y II antes de nuestra era, sobre todo en los momentos de mayor desarrollo de la aristocracia ibera en el alto Guadalquivir y el Guadiana menor.

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Castillo de La Iruela, en la provincia de Jaén.

De aquella ciudad fortificada (oppidum), poco es lo que se ha sacado a la luz, ya que no se han realizado las excavaciones necesarias, pero se conoce por escritos clásicos y porque en época romana fue punto de paso de una calzada que unía Cástulo y Urci (Huércal), según el ‘Itinerario de Antonino.

Si al viajero le gustan los castillos, muy cerca de La Toya encontrará uno ubicado en un marco impresionante: el de La Iruela, que fue construido por los templarios. También cerca, a los pies de la sierra de Cazorla, en un terreno amplio y solitario se halla el yacimiento arqueológico de la villa romana de Bruñel, en el que sobresale una mansión construida entre los siglos II y IV. Lo que más llama la anexión del conjunto, por la bella factura, son los múltiples mosaicos que adornan el piso.

Dentro de la ruta ibera por la provincia de Jaén el viajero puede incluir la vista al parque arqueológico de Giribaile, un paraíso para los amantes de los yacimientos. También en la citada provincia, pero con otras características históricas, merece la pena desplazarse hasta el municipio de Bélmez de la Moraleda para conocer uno de los casos más populares de la historia del misterio en nuestro país.

Autor: Javier Ramos – www.lugaresconhistoria.com

Fuente: http://lugaresconhistoria.com/2015/05/12/toya-jaen/