Primera guerra prehistórica entre grupos de cazadores recolectores de hace 10.000 años.

 

Autor: David Benito
Twitter: @dbenito

Hasta el momento la comunidad científica que ha tratado el tema de los conflictos y enfrentamientos entre las comunidades de cazadores recolectores prehistóricos ha estado muy dividida. Algunos investigadores sostienen que la violencia entre grupos de humanos surge a raíz de la sedentarización de las comunidades, con la necesidad de defender un territorio como germen principal del conflicto. Si bien es verdad que se cuenta con arte paleolítico —se trata de representaciones poco abundantes— en donde hay indicios de violencia practicada sobre otros individuos —no sabemos si de su mismo grupo o de otro—, y además también se cuentan con restos fósiles de humanos que presentan huellas de heridas por ataques con proyectiles fabricados por el hombre, éstos no dejan de ser hechos aislados, fuera de un contexto que pueda indicar un conflicto entre grupos resuelto de forma violenta. En ocasiones algunos investigadores han hablado de «fraternidad paleolítica», convencidos de que la violencia en grupos de cazadores recolectores no fueron más que hechos aislados y muy puntuales, nunca vistos como una guerra entre grupos.

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Esqueleto KNM-WT 71251 después de ser excavado. Restos pertenecientes a un hombre con un proyectil de obsidiana incrustado en la cabeza. Image by Marta Mirazon Lahr

Hasta el momento, el primer acto de violencia documentado se registró en Sudan, en un promontorio conocido como Djebel Shada. Dicho yacimiento fue bautizado como «yacimiento 117» y se trata de una necrópolis con más de 50 individuos inhumados, entre los que se encontraron restos humanos de diferentes sexos, tanto adultos como niños. Los individuos presentaban claras huellas de violencia y los enterramientos se hicieron de forma deliberada. Tras los estudios pertinentes, los restos fueron atribuidos a la cultura Qadam, adjudicándoles una antigüedad de entre 10.000 y 14.000 años, asunto que aún no está muy claro. Además, el hecho de que fueran enterrados —presumiblemente por miembros de su propia comunidad— hace pensar que este grupo presentaba un cierto nivel de sedentarismo.

 

Pero la «masacre» de Nataruk, trabajo que acaba de presentarse, borra de un plumazo mitos como la citada «fraternidad paleolítica», dando la razón a aquellos investigadores partidarios de que las relaciones entre los grupos de cazadores recolectores prehistóricos no fueron tan pacíficas como se pensaba, tan sólo que no habíamos dado con restos arqueológicos con los que poder documentar este tipo de acciones.

En el trabajo que acaba de publicarse —llevan trabajando en él desde 2012— ha participado un amplio grupo de investigadores —entre los que se encuentra el prehistoriador español Dr. José Manuel Maillo—, todos ellos dentro del grupo West Turkana, y al frente del cual se encuentran Marta Mirazón Larh y Robert Foley, han podido documentar lo que es, hasta el momento, el primer conflicto violento entre grupos de cazadores recolectores. El yacimiento se encuentra en Nataruk, Turkana Oeste, Kenia. Esta ubicación, que actualmente es una zona caracterizada por la aridez, fue, tiempo atrás, en época de estos «soldados» prehistóricos, la orilla del lago Turkana.

En éste se han encontrado 12 esqueletos en conexión anatómica con claras muestras de haber muerto violentamente, y en total se han contabilizado un mínimo de 27 personas, aunque algunos de estos restos de forma fragmentaria. Además también se han recuperado restos fósiles de fauna —principalmente marinos al tratarse de un lago en el momento del conflicto— y restos de talla lítica, ambos de vital importancia para obtener una cronología del suceso. Después de haber utilizado varios métodos de datación —absolutos y relativos— se ha concluido que los individuos encontrados de Nataruk tienen una antigüedad entre 9.500 y 10.500 años. En cuanto a los tipos de enterramientos no se ha apreciado ninguna estandarización, por lo que las inhumaciones no fueron un enterramiento deliberado por parte del grupo al que pertenecían. De los 27 individuos registrados, 21 eran adultos —8 hombres, 8 mujeres y 5 de los que se desconoce el sexo— y los 6 restantes, restos de niños en estado fragmentario. También se ha registrado un feto en el interior de la cavidad abdominal de uno de los miembros femeninos del grupo, estimándose que podría tener entre 6 y 9 meses, lo que, sumado a los 27, haría un total de 28 individuos.

KNM-WT 71255 excavation - Dr Marta Mirazon Lahr’ Photograph of Dr Marta Mirazon Lahr during the excavation of the skeleton KNM-WT 71255. This skeleton was that of a young woman, who was pregnant at the time of her death. She was found in a sitting position, with the hands crossed between her legs. Image by Aurelien Mounier

Dr Marta Mirazon Lahr durante la excavación del esqueleto KNM-WT 71255. Image by Aurelien Mounier

De los 12 esqueletos encontrados in situ, al menos diez revelan evidencias de importantes lesiones traumáticas que, si no fueron letales en el momento del impacto, lo fueron a corto plazo. Hay 5 casos con un importante traumatismo en la cabeza, otros dos presentan fracturas ante mortem en las rodillas, otros fracturas en la mano derecha y un caso de fractura en las costillas. Tan sólo dos de los cuerpos no presentan evidencias de traumatismos perimortem, es decir, durante la muerte o alrededor de la hora de la muerte. Por otro lado, según la posición de las manos de estos dos individuos, es posible que fueran inmovilizados en el momento que se produjo su expiración. Por último, destacar que otros tres individuos presentan evidencias de traumatismos provocados por elementos arrojadizos que se han encontrado junto a ellos, tales como pequeños artefactos elaborados con sílex y obsidiana.

En lo que se refiere al suceso en sí, se puede interpretar como una lucha por apropiarse los recursos que ofrecía aquella ubicación. En este sentido, haber encontrado algo de cerámica habla en favor de esta hipótesis, puesto que podrían estar indicando una reducida movilidad.

En todo caso, ese hallazgo arqueológico ha supuesto un punto de inflexión que obliga a cambiar ideas preconcebidas erróneamente sobre las conductas bélicas entre grupos de cazadores recolectores prehistóricos.

 

Texto basado en el artículo de la revista Nature “Inter-group violence among early Holocene hunter-gatherers of West Turkana, Kenya”, Volume 529 Number 7586