Un libro sobre la historia de Toledo en busca de editor

Pocos toledanos conocen el antiguo palacio de la Sisla, situado en el interior de la Academia de Infantería.

Menos todavía saben que allí estuvo un importarte monasterio jerónimo del siglo XIV, el segundo fundado en España, del que salieron importantes personajes en la historia de España, y el que llegó a pasar una temporada Carlos I.

Antonio Martín Salamanca lleva diez años estudiando el monasterio en los archivos Histórico y Diocesano. Y cuando por fin ha culminado su extensa obra, las dificultades económicas de las distintas administraciones dificultan su publicación.

Martín Salamanca estuvo en contacto hace años con el general Muro, quien le abrió las puertas de la Academia de Infantería, y mostró su interés por publicar el estudio cuando estuviera terminado. Pero años después, el general ya no está en Toledo, y tanto la Academia, como la Diputación Provincial, Ayuntamiento de Cobisa o Delegación de Cultura tienen problemas para hacer publicaciones de este tamaño. La completa obra busca editor.

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El convento de la Sisla fue el segundo convento jerónimo fundado en España, tras el de Lupiana, en Guadalajara. La orden llegó a tener más de cuarenta monasterios en todo el estado. De aquí salieron Hernando de Talavera, arzobispo de Granada y confesor de Isabel la Católica; o fray Diego de Yepes, confesor también de Santa Teresa de Jesús y Felipe II, y a la postre obispo de Tarazona.

Sin embargo, con la desamortización de Mendizábal, se expulsó a los monjes, y el Estado subastó el edificio y sus doscientas fanegas. Con todo se quedó Buchental, banquero que, según Martín Salamanca, «sólo con las alhaja y los techos del monasterio se llevó más del doble».

El monasterio quedó destruido. En 1908, ya era propiedad del Conde de Clavijo, que se lo vendió a Consuelo de Cubas. Ella fue la que hizo el bonito palacio, que entró por méritos propios entre los edificios con leyenda e  historias esotéricas de la ciudad. Reconstruyó algunas de las ruinas del antiguo monasterio, salvo la iglesia, totalmente destruida.

Finalmente, el edificio perteneció a Álvaro Jofre, hasta que el Estado se lo expropió para el campo de obras de la Academia. El 14 de junio de 1974 su último propietario dinamitó todo.

En su libro, Martín Salamanca repasa la historia de la orden Jerónima y del monasterio, hasta el año 1974, haciendo un repaso de sus personajes ilustres y de sus obras de arte desaparecidas, pasando por el retablo de Tristán muy similar al de Yepes.

Fuente: La Tribuna de Toledo

 

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